martes, 26 de agosto de 2008
El Caballero oscuro
Realexeando
Hay algunos videos colagados en la inmensa red sobre Realexo 2008
miércoles, 13 de agosto de 2008
De vuelta
Lo mejor de este paréntesis ha sido la experiencia de Realexo 2008, que se merecerá una mención más amplia. Como resumen, buena gente, buen ambiente y mucho teatro. Genial.
miércoles, 2 de julio de 2008
Pestilencia
martes, 1 de julio de 2008
Un prólogo o dos
Hace años, como a tantos otros, me fascinó Rayuela aunque en su primera lectura se me perdieron cosas, no entendí otras y recurría aldiccionario demasiadas veces para darme cuenta de que el cronopio argentino estaba jugando con el lector, conmigo. La he leído dos o tres veces más y en cada una de ellas he desciubierto algo nuevo. Fue a la tercera cuando decidí leer el prólogo explicativo de la edición de Cátedra. Lo dejé a la mitad. Me estaban contando en aquel texto algo sobre un libro que no era el que yo había leído y que me disponía a hacerlo de nuevo. Mi libro era otro. La opinión del introductor o prologuista sería muy académica pero a mí me parecían disparates sobre lo que Cortázar pretendía decir aquí o allí. Ese señor no lo sabía, pero es que Cortázar ya había conversado conmigo, me había dicho un sinfín de cosas con su novela y, por suerte, me lo seguirá diciendo cada vez que abra el tocho de Rayuela y, por supuesto, acepte su invitación a empujar la piedrita de la tierra al cielo.Por cierto, siempre reuerdo que fue el periodista Juan Cruz el que me llevó hasta Rayuela. En una de esas publicaciones efímeras de la Universidad de La Laguna (lujosamente editadas y que acaban casi siempre en las papeleras de los campus) el portuense señalaba que lo que más recordaba de su paso por la Universidad lagunera eran los amigos y las tardes "perdidas" leyendo Rayuela en su habitación del colegio mayor San Fernando. Me picó, y mucho, la curiosidad. Años después me dedicó un libro suyo escribiendo, tras conocer la anécdota, unas palabras de recuerdo a ese "aire" del pasado que siempre le trae la rayuela.
domingo, 29 de junio de 2008
Invitación a 'La princesa prometida'
La infancia recuperada
Acordándome el otro día de 'La princesa prometida', me acordé también del prólogo que escribió William Goldman para una novela suya del mismo título que luego acabaría adaptando al cine. Ese prólogo debería figurar en cualquier antología sobre los mejores prólogos jamás escritos. Pero más que un prólogo es un cuento magistral sobre realidad y ficción, un precedente de los 'relatos reales' de Javier Cercas y una joya escondida de la literatura.
Es un relato íntimo y al mismo tiempo una clase encubierta sobre cine y literatura. En él se encuentra el germen de lo que luego daría lugar a 'La princesa prometida', una de las mejores películas de Rob Reiner y una de las películas que más veces he visto en mi vida, una mezcla irresistible de acción, aventuras, romanticismo y humor, una película que no envejece porque es clásica y moderna como pocas. Goldman era su guionista, pero también era mucho más.
En el prólogo a la novela, Goldman cuenta la historia de un niño que se parece mucho al niño que fue él, un niño al que no le gusta nada leer y que tiene graves problemas en el colegio. Su profesora, la señorita Roginski, le lanza cariñosas reprimendas y se pregunta qué hacer con él; hasta que un día el niño cae enfermo, y sin poder salir de la cama, se ve prisionero de lectura de una novela llamada 'La princesa prometida', escrita por un tal S. Morgenstern. Su padre, "un tipo casi analfabeto que llegó a América apostando por la tierra de las oportunidades y perdió", se ha encargado de traer consigo este misterioso libro y empieza leérselo en voz alta.
"¿Trae algo de deportes?" pregunta el niño. "Esgrima. Lucha. Torturas. Venenos. Amor verdadero. Odio. Venganzas. Gigantes. Cazadores. Hombres malos. Hombres buenos. Las damas más hermosas. Serpientes. Arañas. Bestias de todas clases y aspectos. Dolor. Muerte. Valientes. Cobardes. Forzudos. Persecuciones. Fugas. Mentiras. Verdades. Pasión. Milagros..." replica el padre. "Pinta bien" dice el hijo mientras se prepara para oír la historia.
Y la historia le engancha, y esa noche muchas puertas se le cierran de golpe mientras otras muchas le abren una nueva luz. "Mi vida entera empezó de verdad cuando mi padre me leyó a Morgenstern a la edad de diez años", escribe Goldman, que se convierte en un devorador incansable de libros que la señorita Roginski se encarga de administrarle cuidadosamente.
Años después, el brillante guionista se encuentra en la piscina de un hotel de Los Ángeles, tomando un baño de descanso después de otra de las muchas reuniones con productores a las que tiene que someterse antes de escribir su próximo guión. Una joven atractiva y aspirante a actriz trata de seducirle cuando Goldman recuerda que su hijo está a punto de cumplir 10 años. Goldman se había prometido a sí mismo que cuando su hijo cumpliera 10 años le regalaría un ejemplar de 'La princesa prometida', pero su hijo ahora está a unos cuantos kilómetros de distancia, en su casa de Nueva York, con su mujer.
El deber familiar interfiere en la posible infidelidad y Goldman remueve cielo y tierra hasta conseguir que un ejemplar de 'La princesa prometida' llegue a las manos de su hijo, justo a tiempo. Pero cuando Goldman regresa de Los Ángeles y le pregunta a su hijo qué le ha parecido la historia del joven Westley y el princesa Buttercup, comprende que el libro no ha surtido en el niño el mismo efecto que surtió en él cuando tenía su misma edad. La decepción de Goldman es total y todo su mundo familiar está a punto de venirse abajo.
Entonces empieza a releer el libro y pronto comprende la desazón del pequeño: la novela contiene largos pasajes verdaderamente aburridos y faltos de ritmo, pasajes que Goldman no recordaba de aquella primera lectura de su padre que tanto le hechizó. Y entonces cae en la cuenta: su padre se saltó esos pasajes y sólo le leyó 'las partes buenas'. Ahora todo encaja. Goldman comprende y admira la capacidad de su padre para improvisar ese moderno montaje lleno de elipsis, interrupciones y saltos hacia adelante y hacia atrás en la narración. Goldman se propone emular a su padre y convence a su editor para que reedite el libro de Morgenstern sólo con "las partes buenas" que él mismo se encarga de seleccionar para los futuros lectores.
Por supuesto, el libro original de S. Morgenstern es una invención del propio Goldman. Como también lo son la señorita Roginski, el niño Goldman, la joven aspirante a actriz y muchos otros detalles del prólogo. Pero Goldman los puso ahí para atraer la atención del lector hacia ese mar infinito con el que sus ojos juveniles se extasiaron alguna vez.
(Posdata de William Goldman: "Cuando muera, si en el Times me llegan a dedicar una nota necrológica, será gracias a 'Dos hombres y un destino'". De acuerdo, ¿cuál es la escena de la que todo el mundo habla, el momento único que se graba en la memoria de todos, en la tuya, en la mía y en la de las masas? Respuesta: el salto desde el acantilado. Bueno, cuando escribí esa escena, recuerdo que pensé que los acantilados desde los que saltaban eran los Acantilados de la Locura que todo el mundo intenta escalar en 'La princesa prometida'. Cuando escribí 'Dos hombres...' a mi mente acudían imágenes retrospectivas en las que aparecía mi padre cuando me leía la escena de la escalada con cuerdas de los Acantilados de la Locura, mientras la muerte aguardaba agazapada".)
jueves, 26 de junio de 2008
Paso troyano
miércoles, 25 de junio de 2008
Loquepasaentenerife
P.D. ¿No se han pirateado noticias de esta web en otras "publicaciones tradicionales"?
Vetusta Morla
Me encanta este grupo. Letras incomprensibles, buen hacer musical y necesidad de escucharlos un par de veces para apreciarlos. No reventarán los 40 Principales, pero me encantan. Sus textos son como aquellos juegos poéticos tras una noche de alcohol.http://www.youtube.com/watch?v=gdTmhL1qm3g
Sin amigos en la cosa

Hace unos días asistí al homenje a Cosme Orte. Sus amigos y otros que no lo eran tanto, pero que lo apreciaban, han rendido memoria a su labor como periodista con la edición de un libro que recoge los artículos que escribió en el suplemento D'Trulenque, de Diario de Avisos, en el que, por cierto, tuve el privilegio de trabajar durante un tiempo. Más allá de los valores humanos y la capacidad profesional de Cosme (que recoge, en parte, esa publicación titulada Islas Salvajes), lo que dejó patente ese homenaje fue la cantidad de periodistas que hay en esta Isla surrealista. Lo comentaba un compañero y, lo cierto, es que a la vista de los que estaban allí y de los que no habían acudido se podría formar un pequeño ejército de plumillas. Y eso que dicen que la profesión está mal (que lo está). Pero lo curioso es que al observar tal pléyade de profesionales de la cosa me di cuenta de lo poco corporativista que soy; de las escasas, por no decir nulas, relaciones de amistad (de compañeros o conocidos muchas) que mantengo dentro de la profesión. Seguramente se debe a timidez, aunque, compañeros, la verdad es que se trata de vagancia. Dicen que los amigos se encuentran, no se buscan. Con el paso de los años los amigos a los que considero como tal me los he encontardo después de muchos años. Son pocos. Muy pocos, pienso a veces. Cuánta gente pasa por nuestra vida, cuánta. Y qué pocos se han queadado al lado y que forman parte del periodismo cainista chicharrero, ¿por qué será? Seguramente porque uno mismo es el más caín de todos.
P.D. Nunca imaginé que llegaría a ser periodista.
Empieza Brossa
Lejos del mundanal ruido mediático y entre una buena conversación y la amistad, arranca un nuevo proyecto de esos que no tienen que ver con el día a día. En principio Troysteatro se embarca en un nuevo proyecto apasionante, de riesgo, pero enormemente atractivo para cualquiera que tenga un pelo de curiosidad. Joan Brossa viene a Tenerife, ya ha estado, pero lo hará ahora para tomar la calle, los bajos fondos, puede que alguna que otra esquina olvidada, y, en lo que a uno le atañe, será de la mano de nuestra creatividad. Sin duda, es un reto teatral, una oportunidad intelectual y, por encima de todo, una ocasión perfecta para darse cuenta de que hay mucho que descubrir más allá de nuestra cotidianidad, esa que, a veces, nos acogota.