miércoles, 25 de junio de 2008

Sin amigos en la cosa


Hace unos días asistí al homenje a Cosme Orte. Sus amigos y otros que no lo eran tanto, pero que lo apreciaban, han rendido memoria a su labor como periodista con la edición de un libro que recoge los artículos que escribió en el suplemento D'Trulenque, de Diario de Avisos, en el que, por cierto, tuve el privilegio de trabajar durante un tiempo. Más allá de los valores humanos y la capacidad profesional de Cosme (que recoge, en parte, esa publicación titulada Islas Salvajes), lo que dejó patente ese homenaje fue la cantidad de periodistas que hay en esta Isla surrealista. Lo comentaba un compañero y, lo cierto, es que a la vista de los que estaban allí y de los que no habían acudido se podría formar un pequeño ejército de plumillas. Y eso que dicen que la profesión está mal (que lo está). Pero lo curioso es que al observar tal pléyade de profesionales de la cosa me di cuenta de lo poco corporativista que soy; de las escasas, por no decir nulas, relaciones de amistad (de compañeros o conocidos muchas) que mantengo dentro de la profesión. Seguramente se debe a timidez, aunque, compañeros, la verdad es que se trata de vagancia. Dicen que los amigos se encuentran, no se buscan. Con el paso de los años los amigos a los que considero como tal me los he encontardo después de muchos años. Son pocos. Muy pocos, pienso a veces. Cuánta gente pasa por nuestra vida, cuánta. Y qué pocos se han queadado al lado y que forman parte del periodismo cainista chicharrero, ¿por qué será? Seguramente porque uno mismo es el más caín de todos.

P.D. Nunca imaginé que llegaría a ser periodista.

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