lunes, 13 de abril de 2009
Roto u olvidado
Al final todo se rompe o se olvida. Lo segundo es sin duda lo más doloroso por lo que tiene de injusto con quienes no se lo merecen (o sí). Desde el pasado, ese espacio que idealizamos u odiamos no nos llega todo lo sucedido, sino una pequeña, pequeñísima, versión de lo acontecido. Por suerte, si no fuera así nos pasaría como a Funes el memorioso, que lo recordaba todo, hasta el más nimio detalle, desde el sonido de la gota de agua sobre el charco que se formaba en el patio del colegio en el parvulario, hasta el respirar del gato que ronreneaba junto a la abuela; todo, datos, tonos de voz, susurros, lo leído, escuchado o intuido, todo no olvidaba Funes en su trágica existencia. El cerebro usa sus propios mecanismos de defensa y descarte el noventa y nueve por ciento de lo que percibe y en esa autocensura borra aquello o a aquellos que no se lo merecen. Es lo que tiene el amor, el de verdad, el inexplicable y que supera pasiones y orgasmos. Un día el cerebro hace click y deja atrás el amor, el de verdad, el que supera por sí solo el paso del tiempo y los errores. Adiós, se murió. Y no hay tiempo ni modo de resusitarlo. Amigo, ya sea allá o acá, cuando el cable, la línea, se cruza es complicado volver atrás con cierto tino. Quedará lo muy bueno y lo muy malo, pero lo que sustentabe el amor, el de verdad, quedará en el olvido. Romper es otra cosa.
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1 comentario:
Amigo, tienes razón. Que te olviden es malo, doloroso y absolutamente angustioso pero hay diferentes maneras de olvidar o de que te olviden. La peor, sin duda, es ser olvidado estando presente, desaparecer poco a poco de la memoria de alguien que te tiene delante hasta convertirte en una sombra. Y tu triste cerebro no utiliza ni un solo mecanismo de defensa que contrareste la agonía de ser un mísero recuerdo borrado.
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